TEMPORADA 2011-2012. 19ª jornada; 4 de febrero de 2012.

Pedíamos últimos y cazamos en "Vallones".

…y 8 valientes chalados se enfrentaron a la adversidad e hicieron historia…

La cosa no pintaba bien, pésimas predicciones meteorológicas, desánimo general, frío, un cierzo que temblaba el misterio y para colmo íbamos últimos. No obstante algunos cazadores estamos lo suficientemente “estorbaus” para que todo eso no nos impida acudir puntuales a nuestra cita del sábado, a ver si hay alguno más como nosotros para juntarnos y poder ir al monte.

Y los hubo, justitos pero los hubo. Nos juntamos 8 y ya podíamos cazar, que si no, nos hubiéramos comido el rancho y echado unos guiñotes. Como estábamos pocos y no teníamos prisa, decidimos obsequiarnos con un buen almuerzo clásico para premiar nuestro esfuerzo. Entonces se nos ocurrió que quizá Los Chatos también estuvieran pocos y sería una buena ocasión para cazar juntos como alguna vez ya se había comentado. Así que los llamamos y quedamos en el monte para cazar juntos, ellos también estaban 8 y mejor cazaríamos los 16 juntos que 8 por cada lado. Lamentablemente, hubo una persona que no se enteró hasta última hora, y cuando llegamos allí nos tuvimos que volver porque no estaba de acuerdo en cazar todos juntos. Una pena que una sola persona se imponga a la voluntad de otras 15, pero así fue.

En fin, nos fuimos a cazar como habíamos previsto en un principio, lo importante era cazar aunque fuese un rato, por nosotros y por los perros. Como estábamos pocos no podíamos abarcar los resaques normales, tendríamos que limitarnos a trozos más pequeños. Entre pitos y flautas, eran ya más de las 11 cuando con sol, cierzo huracanado y 2 bajo cero se soltaban los perros. Hay que decir que en el monte no se estaba nada bien, y algunos momentos envidiábamos a los que se habían quedado calentitos en casa, pero nos habíamos pasado la semana esperando el sábado y había que aprovecharlo, nuestra afición podía con todo.

Se terminó el primer resaque y aparentemente no se habían echado jabalíes, y de camino a la caseta pillaba un corro que al general Torres se le metió en la cabeza que tenía que haber algún jabalí. Como costaba poco hacerlo, nos pillaba de camino y daba tiempo antes de comer, se decidió hacerlo.

Y aquí fue donde se nos apareció la Virgen y tuvimos la suerte que tantas veces nos había faltado, especialmente Alberto. Torres acertó y allí había bichos, nada más empezar Ángel a resacar, los perros levantaron dos buenos jabalíes que sorprendieron al propio resacador que no acertaba a poner balas en la escopeta. Se hinchó a enviar avisos por la emisora pero nadie le contestaba, y después se dio cuenta que la emisora se le había cambiado de canal, así que nadie se enteró de que los jabalíes se dirigían a los puestos.

Alberto acababa de llegar al suyo y todavía estaba analizando los alrededores cuando vio salir un buen jabalí al campo a unos 300 m. largos (a ojo) a su derecha. Se encaró el rifle y trató por todos los medios de mantenerlo en el visor pero no había manera, el fuerte viento de cruzado que pegaba en aquel puntal zarandeaba el rifle a todas caras como si fuera una rama más y el jabalí entraba y salía del visor constantemente, así que le mandó los tres tiros como pudo, “palli” a ver. Con el rifle vacío, Alberto vio como se escondía en una vaguada entre dos mogotes de camino a los campos donde había otros puestos, así que avisó de que un jabalí iba por la parte alta. Alberto sacó el cargador vacío para volver a cargar, y cuando lo tenía en la mano le sorprendió un nuevo jabalí, éste mucho más cerca, cosa rara que continuara hacia allí después de los tiros, pero allí estaba, cruzando el campo como a unos 100 m. y de cuchillo hacia su puesto. Dejó caer el cargador vacio al suelo, y mientras se apresuraba a coger el segundo cargador y trataba de colocarlo, escuchaba a José que le avisaba –“Alberto, Alberto, que te va, que te va”-, aproximadamente en el segundo “que te va”, Alberto ya tenía el cargador en la mano y reunía la serenidad necesaria para colocarlo en el rifle y tirar de cerrojo, ahora ya tenía dos nuevas balas preparadas y apuntó el rifle, el viento se empeñaba en moverlo pero esta vez la distancia era mucho más corta, el jabalí se había acercado hasta unos 40 metros o poco más. Alberto hizo el primer disparo y el jabalí seguía corriendo, quiso asegurar el segundo sabiendo que era el último, pero después el jabalí aún seguía corriendo –“¿Tendrá mala leche que no haya cogido ninguno de los dos?”- …un momento, parece que el jabalí no corre tanto… El jabalí perdía fuerza a cada paso, estaba tocado. Justo antes de trasponer parecía que iba a caerse en cualquier momento, Alberto volvió a cargar y salió a toda la velocidad que su esbelta y aerodinámica figura le permitía, plantándose en la traspuesta en dos zancadas. Pepe Sarto también lo había visto y también corrió a cortarlo, y José López un poco más abajo hizo lo propio, detrás eran campos y si salía se vería.

Pero allí no se veía el jabalí por ningún lado, apenas una pequeña laderica de romero y una puntica con un par de ginestras, pero no se veía el jabalí. En eso llegaba Pene (otro día en horario de mayores os diré porque el perro tiene ese nombre) se ve que le vino el aire y se tiró de cabeza donde estaba el jabalí, que muy tocado se había tumbado entre los romeros a unos 4 metros debajo de Alberto que no lo había visto, el jabalí para defenderse se incorporó de la parte delantera y el perro retrocedió, momento que aprovechó el cazador para rematarlo evitando así sufrimiento para el animal y peligro para los perros, ya que el jabalí enseñaba unos peligrosos colmillos. Por fin, ¡nos habíamos quitado la porra!.

El primer jabalí no aparecía por ningún sitio, eran campos aquella zona donde se dirigía pero nadie lo había visto. José se lamentaba de ello sin comprender como podía haberse colado sin ser visto, y Alberto no salía de su extrañeza. Ventura, que se suponía que era quien tenía que haberle tirado después, ya que hacia él se dirigía, apuntó la posibilidad de que estuviera tocado, pero era casi milagroso que así fuera. Cuando se acabó el resaque, Ángel con los perros fue a la zona y… Ventura tenía razón, allí estaba el jabalí muerto, unos metros más adelante de donde Alberto dejó de verlo, ¡vaya chamba!.

Con la alegría del momento nos fuimos a comer a “Ambiciones”, Ángel había preparado para hacer un rancho que estuvo de rechupete. Por la tarde aún cazamos otro correte pequeño a ver, pero ya no volvió a sonar la flauta, ya habíamos tenido mucha suerte por hoy.

Ángel, Torres, Pepe, Ventura, José, Jesús, Alejandro y el afortunado Alberto fueron los héroes de la jornada.

Alberto Naval

 

 

 

Los dos jabalíes cobrados en la desapacible jornada de hoy.


 

 

 

El segundo jabalí, que fue el primero cobrado, no iba tan mal armado.


 

 

 

Comimos un rancho muy bueno en Ambiciones "Towers House".

www.loschicoszuera.com

 

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